Nazis, caballos y Afrodita. El conde que vivió en la Argentina, fue protagonista del jet set internacional y tuvo la estatua de mármol más cara

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En el corazón de Palermo Chico, en la Avenida Coronel Díaz al 2800, se vende una de las residencias más emblemáticas -y caras- de la Ciudad de Buenos Aires: una mansión de estilo francés de más de 1200 metros cuadrados, restaurada íntegramente. Su valor es de 10 millones de dólares.

La mansión está publicada por varias inmobiliarias. Una de ellas promueve su venta con un video en el que destaca la historia de la propiedad. “Durante décadas, acá vivió un conde de una de las familias más influyentes de Europa, amante del arte”, explica el corredor.

Mientras hace un paneo por el living, advierte: “En esta sala estaba la famosa escultura Afrodita de Hamilton, estaba en aquél rincón, y su valor estimado era más del doble de lo que vale esta casa”. No lo dice el vendedor, pero se trata de la escultura de mármol con precio de venta más caro en la historia del arte…

Efectivamente, en la mansión de Palermo Chico vivió el conde Federico Augusto Zichy Thyssen, un aristócrata europeo, heredero de una fortuna sideral y protagonista de una vida marcada por el exceso, el lujo y la controversia.

“Thyssen es un apellido en el que vos vivís tu vida, solo que no te tomás el tiempo para darte cuenta”, dice Federico Fahsbender, periodista, autor del libro La Diosa de Thyssen, publicado en 2025 Lo explicará enseguida.

En charla con LA NACION, reconstruye la historia del conde Federico Augusto Zichy Thyssen, nieto del empresario alemán Fritz Thyssen y heredero de una fortuna que financió el ascenso de Adolf Hitler y el nazismo en Europa.

La casa donde vivió el conde y que se encuentra a la venta es una residencia de estilo francés completamente reciclada, con mármoles Portoro y Calacatta Oro, roble de Eslavonia, molduras doradas restauradas por artesanos del Teatro Colón, jardín diseñado por Horacio Wilder Larrea y pileta climatizada con desborde infinitoAdriana Massa International Realty
Federico Augusto Zichy Thyssen fue hijo de Anita Thyssen y del conde húngaro Gabor Ladislao Zichy

Del nazismo al desembarco en la Argentina

-Para quienes nunca escucharon hablar de él, ¿quién fue Federico Augusto Zichy Thyssen?

-Thyssen es una de las mayores fortunas del acero alemán. El apellido está grabado en escaleras mecánicas y en ascensores de todo el mundo. Todos los usamos alguna vez. Federico Zichy Thyssen fue nieto de Fritz Thyssen, uno de los grandes nombres de la Thyssen durante la Segunda Guerra Mundial.

-¿Qué lugar ocupó su familia en el auge del nazismo y cómo llegan a la Argentina?

-Fritz Thyssen fue uno de los principales financiadores del Tercer Reich. Luego rompe con el nazismo y termina condenado en los juicios de desnazificación de la posguerra, donde pierde un 10 por ciento de su fortuna y en una suerte de exilio viene a la Argentina con su familia. En ese contingente estaban su hija Anita Thyssen, su yerno, el conde húngaro Gabor Ladislao Zichy, y el hijito de ambos, Federico Augusto Zichy Thyssen. Para ese entonces los Thyssen ya tenían muchos intereses comerciales en el país. Fritz Thyssen incluso habla bastante de Argentina en su libro I Paid Hitler.

28 de marzo de 1940. Locarno, Suiza. El hombre que llevó a Hitler al poder, es ahora un refugiado. Fritz Thyssen, el alemán magnate del acero que financió la carrera política de Adolf Hitler posa con su familia. En la imagen, parados, de izquierda a derecha: Fritz Zichy, su mujer Amélie, y su yerno, el conde Zichy. Sentada, Anita Thyssen. En su falda, Federico Augusto Zichy Thyssen.Bettmann – Bettmann
Fritz Thyssen, abuelo de Federico Augusto y uno de los grandes magnates del acero alemán que financió el ascenso de Adolf Hitler. Tras romper con el régimen y huir a Francia en 1939, fue detenido y enviado a campos de concentración. Liberado al final de la guerra, enfrentó un proceso de desnazificación y finalmente se exilió en la Argentina

“Tenía todo, el dinero de los Thyssen y la nobleza de los Zichy”

-Él tenía dos herencias: el dinero de los Thyssen y el título nobiliario del lado Zichy. ¿Qué produce esa combinación?

-Federico tenía todo. Tenía el grandísimo sello del capitalismo alemán en su apellido y tenía la pimienta y el carácter nobiliario que venía de su padre húngaro. Esa combinación lo hacía un personaje fascinante y complejo a la vez. A eso se sumaban los traumas de su infancia, su dificilísima relación con su madre y el hecho de que su vida estuvo moldeada tanto por la fortuna como por la nobleza.

-¿Cuánto de su vida fue elección y cuánto el peso de esos apellidos?

-Creo que Federico es una criatura de su propio azar. Lo que al fin y al cabo definió su vida: Federico vivió su plata con un gusto que la inmensa mayoría de los ricos argentinos no tuvieron.

Federico Augusto Zichy Thyssen fue heredero del dinero industrial alemán por línea materna y del título nobiliario por línea paterna

-¿Cómo se veía eso en la práctica?

-Federico era el símbolo de un mundo que ya no existe. Un día estaba en Saint-Tropez, al siguiente en Montecarlo. Construyó una casa en Punta del Este y, cuando la terminaron, la abandonó… “porque no me gusta”, dijo. La propiedad fue demolida sin que llegase a habitarla ni siquiera un día… En La Bourgogne podía pedir un vino de dos mil dólares y devolverlo al primer sorbo si no lo convencía.

-Más allá del lujo, ¿qué dice eso de su carácter?

-Federico tenía el pecado de ser una persona compleja en un país que es muy lineal. Lo que lo define es lisa y llanamente su plata. Él un día estaba en Saint-Tropez, al otro día en El Cairo con sus caballos árabes. Federico era un hombre extravagante y, al mismo tiempo, huraño. Iba tres veces por semana a La Bourgogne, casi siempre acompañado por su mesa habitual de amigos. Pero no era alguien que posara para la cámara ni que buscara exposición. Tenía una forma muy privada de ser rico. Era uno de los mayores criadores de caballos árabes del mundo.

Federico Augusto Zichy Thyssen y Celina Pavlovsky

-Además de la cría de caballos, ¿tenían aquí otros negocios?

-Los Thyssen se convirtieron en una gran familia terrateniente con muchísimos campos a lo largo del país. En Curuzú Cuatiá estaba uno de los principales campos de Federico, su favorito. Su empresa principal era Don Roberto. En Arrecifes, provincia de Buenos Aires, tenía su haras. Ojo, también tuvo un haras en Paraguay y otro en Estados Unidos. Además fue dueño de una gran parte del edificio Laminar Plaza, en Catalinas Norte. Federico heredó una fortuna inmensa, pero también trabajó. Iba a su oficina en la calle Lavalle, pero era un tipo que hacía lo que quería. Un día decía “vamos a Corrientes en avión privado”, al otro “vamos a Nueva York” o “vamos a Francia”. Si el jet set fuera un avión, él sería el comisario de a bordo.

-En medio de ese mundo de privilegio, ¿cómo era su vida sentimental?

-Tuvo al menos seis relaciones importantes, además de numerosas novias. Su primera mujer, la brasileña Alyde Mutzenbecher con la que tuvo sus tres primeros hijos. Luego estuvo casado con Norma Sebré… y su última mujer fue Raquel Román Núñez, dominicana y una de las protagonistas del libro. No estuvo nunca solo.

-¿Por qué?

-Porque no le gustaba estar solo. Yo interpreto que usaba a las mujeres como mantita de apego.

Además de las relaciones mencionadas por Fahsbender, Federico contrajo matrimonio en varias oportunidades. En 1983 se casó en Paraguay con la diplomática María Stella Fratta Silvero, con quien tuvo un hijo, de quien se divorció en 1984. En 1987 volvió a casarse, esta vez con la argentina María Inés Sellares, con quien también tuvo un hijo antes de separarse en 1989. Finalmente, en 2002 contrajo matrimonio con Laura Arce; la relación se extendió durante ocho años.

Pero esa vida sin límites tuvo un costo.

Federico Augusto Zichy Thyssen se dedicaba a la cría de caballos árabes y llegó a ser uno de los criadores más importantes del mundo en ese circuito. La cría de caballos no era un hobby menor: era parte central de su identidad social y económica

El costo del exceso

-¿Hubo algún momento en la vida de Federico que marcara un antes y un después?

-En 2002 sufrió un grave accidente automovilístico en la Costa Azul, camino a Montecarlo. Se fracturó ambas piernas y debió ser operado con placas y clavos. Ese episodio marcó un punto de inflexión en una vida que ya venía atravesada por la intensidad y el impulso. Federico ya tenía una adicción a medicamentos inyectables y, tras el accidente, el consumo se intensificó. Se aplicaba Demerol -meperidina-, un opioide potente. Según los médicos que lo trataron, llegó a inyectarse al menos diez veces al día.

-Con todo lo que representaba su apellido en Europa, ¿dónde sentía que estaba su lugar: allá o en la Argentina?

-Él amaba ser argentino. Era un gran criollo. En su estancia en Curuzú Cuatiá se ponía el chambergo y se ponía a bailar con los peones en los asados. Amaba el campo argentino y vivía la vida de campo. Pero podía vivir tres días a la vez, esa es la marca de alguien imparable, con todas sus extravagancias y miserias…

Federico Zichy Thyssen fue un cazador experto. La foto, tomada en La Pampa, en 2011, lo muestra junto a un ciervo colorado de 25 puntasGentileza

-¿Cómo fueron sus últimos años?

-Federico murió en agosto de 2014, a los 74 años, en el Sanatorio Otamendi. Venía de un período de fuerte deterioro físico y personal. Tras el accidente de 2002 su dependencia a los inyectables se había profundizado y terminó internado por la fuerza a instancias de sus hijos. Sus últimos años estuvieron atravesados por conflictos familiares y judiciales. Murió con un gran desgaste físico; su corazón, según se contó, pesaba incluso más que el de Maradona al momento de su muerte. Fue un final triste. El día del funeral hubo pocos presentes y la autopsia se realizó tras una denuncia de una de sus hijas que consideraba su muerte sospechosa.

Pero si el final fue silencioso, su patrimonio no lo fue.

De la tumba al Metropolitan

-Tu libro, que cuenta la vida de Federico, se dispara a partir de una estatua romana. ¿Cómo aparece esa historia?

-La historia comienza con una subasta en Londres, en noviembre de 2021, en plena pandemia. Una fuente me alertó sobre una estatua de la Antigua Roma, una Venus de mármol, que se había vendido en Sotheby’s por 24 millones y medio de dólares. Sotheby’s la ofreció con un precio base de 2 millones de libras esterlinas -unos 2,7 millones de dólares al cambio de ese momento-, una cifra habitual para una escultura romana de ese tipo. Sin embargo, al final del día la Venus se vendió por 24,5 millones de dólares, el mármol romano más caro de la historia. Y me llamó la atención la procedencia: la lista comenzaba con un largo linaje de lords escoceses, mencionaba incluso al magnate estadounidense William Randolph Hearst, y luego se detenía. Al final decía “colección privada por herencia”. Consulté a la casa de subastas, pero tanto sus representantes en Londres como en Buenos Aires evitaron darme precisiones. La pregunta quedaba abierta: ¿quién había sido el último dueño de la estatua romana de mármol más cara de la historia? Y ahí aparece el rumor de que había pertenecido a Federico Augusto Zichy Thyssen.

En el libro La Diosa de Thyssen, Federico Fahsbender reconstruye la historia del conde a partir de la historia de una estatua romana que perteneció a su patrimonio y que terminó vendiéndose por una cifra récord en Londres. Fahsbender es periodista y escritor especializado en policiales, escribe en Infobae y en 2021 publicó El trueno en la sangre (Rara Avis)

-¿Cómo confirmaste que la estatua había pertenecido a Federico?

-Me llevó años comprobarlo. El rastro de papeles en la Justicia fue el camino y los documentos de aduana que demostraban que esa era la estatua que había estado en su casa de la avenida Coronel Díaz. No había dudas. Era la misma pieza que había formado parte de su patrimonio y que, tras el acuerdo judicial entre sus herederos y su última esposa, salió del país y terminó en Londres.

-¿Qué tiene de particular esa obra?

-Es una estatua romana de mármol, de casi 1,80 metros, que databa del siglo I después de Cristo, bellísima. Después de la subasta fue adquirida por un holding de Hong Kong y hoy está exhibida en el Metropolitan Museum de Nueva York, en la galería de mármoles griegos y romanos. Es una pieza extraordinaria que estuvo durante años en la casa de un millonario argentino.

-¿Fue difícil reconstruir su historia?

-Fue muy difícil. Sus hijos se negaron a hablar, su hermano también. Pero ese silencio también construía a Federico. En el libro no hay una sola línea ficcionada ni forzada. Cuando se cumplieron diez años de su muerte, fui a su tumba, en un cementerio de Pilar. Pensé que tal vez me iba a encontrar con alguien o con un ramo de flores, que alguien se habría tomado el tiempo de visitarlo. No había ninguna flor. No había nadie. Y eso me impresionó. Alguien que quiso mucho a Federico me dijo una vez: “A Federico era mucho más fácil amarlo a la distancia”.

La tumba de Zichy Thyssen, a diez años de su muerte: sin flores, cubierta de pasto secoGentileza
Federico Fahsbender junto a la estatua romana que inspiró La Diosa de Thyssen, hoy exhibida en el MetGentileza

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