Tras los últimos hechos de violencia en instituciones educativas, especialistas plantean la necesidad de incorporar asignaturas específicas y reforzar los gabinetes psicopedagógicos como herramientas de prevención.
Los recientes episodios de violencia en escuelas, como el ocurrido en San Cristóbal, reactivan un debate que se extiende desde la tragedia de Carmen de Patagones en 2004. Expertos en educación y salud mental analizan las posibles vías para prevenir este tipo de sucesos.
Una de las propuestas que cobra fuerza es la de incorporar desde los primeros años de la escolaridad dos asignaturas consideradas cruciales: manejo de la violencia y educación vial. Ambas áreas, según los proponentes, son generadoras de innumerables muertes y secuelas psicofísicas en la población.
Frente a la pregunta de si esto recarga aún más a la institución escolar, los especialistas argumentan que, ante el desborde de muchas familias, la escuela se erige como un último recurso social disponible para abordar estas problemáticas. Señalan que los actores de estos hechos no surgen de la nada, sino que son el resultado de una acumulación de factores que podrían abordarse con herramientas educativas adecuadas.
Además de la educación temprana, se destacan dos ejes fundamentales: la prevención, que requiere de instituciones de tratamiento accesibles y de la reinstalación de gabinetes psicopedagógicos en todas las escuelas, y la postvención, un trabajo de contención y tratamiento para todos los afectados tras un hecho traumático, con el fin de evitar nuevas desgracias.
El debate subraya la importancia de aprender de la historia y de no repetir errores, buscando consensos sociales y políticos para fortalecer el rol protector y formativo de las escuelas en todo el país, incluyendo la provincia del Chaco.
