La guerra en Medio Oriente en el bolsillo de los argentinos: sube más de 10% la nafta y hay impacto en alimentos y vuelos

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La guerra en Medio Oriente que se desató después del ataque de Israel y Estados Unidos a Irán, el sábado 28 de febrero, provocó «la mayor crisis energética» de la historia, según lo reconoce la Agencia Internacional de Energía (IEA) y otros especialistas. Para la Argentina, sus efectos ya se sienten en los bolsillos de la población y en las cuentas públicas, con implicancias diversas.

La disrupción en el suministro de petróleo crudo y líquidos asociados por el bloqueo al estrecho de Ormuz es de 20 millones de barriles por día, cerca de un 20% del total que se mueve en el mundo. El consultor energético Roberto Brandt marca que, sumadas todas las otras crisis energéticas de los últimos 60 años, el total de lo afectado fue de 20,3 millones de barriles diarios. Además, hubo ataques a refinerías e instalaciones de Gas Natural Licuado (GNL), con efectos a mediano y largo plazo.

Aumento de los combustibles

El primer impacto, más directo y que se verifica desde los primeros días de marzo, es el aumento generalizado y fuerte en los precios de la nafta y el gasoil. Con la misma cantidad de ingresos y más gastos, el argentino tiene que recortar consumos para hacer frente a estos incrementos.

El petróleo se venía comerciando en el mundo en torno a los 70 dólares por barril en febrero y en Argentina las productoras de crudo lo entregaban a las refinadoras a unos US$ 67 en promedio. Durante este mes el precio tocó los US$ 120 por barril y en los últimos días se estabilizó en torno a US$ 110, un 57% más.

Con distintas estrategias de precios como el «micropricing«, que segmenta por regiones geográficas, la competencia cercana de estaciones de servicio y las franjas horarias, las petroleras aplicaron aumentos de hasta 12% en la nafta y el gasoil en las primeras tres semanas de este mes en la Ciudad de Buenos Aires.

En promedio, los combustibles subieron un 10% en todo el país y en una de las petroleras, que prefiere no ser identificada, sostienen que, además, todavía existe un atraso en los precios largamente superior al 30%.

«Este es un evento súper disruptivo e inesperado. Estamos vendiendo combustibles a pérdida. Como no estamos subiendo el precio lo necesario, cuando baje el petróleo tampoco vamos a poder trasladarlo al consumidor«, explicó un ejecutivo del sector en off the record.

Más inflación

Inmediatamente, el siguiente efecto para el conjunto de la población argentina es que hay más inflación. Algunos estudios que tiene el sector muestran que, por cada 10 puntos de aumento de los combustibles, el impacto en el Índice de Precios al Consumidor es cercano a 0,4%.

No obstante, la consultora Empiria calcula que los incrementos de las naftas y el gasoil ya sumaron 0,56 puntos porcentuales este mes -contabilizando impactos indirectos o de «segunda ronda»-, en el que la inflación rondará el 3,5%.

Según fuentes de los supermercados, esta semana algunos proveedores informaron, en su mayoría, subas de entre 2% y 3% en promedio, lo que recalienta el dato que se conocerá en marzo.

Por primera vez en los últimos 12 meses, la inflación mensual en Argentina volvería a comenzar con 3% y marcará otra aceleración. La variación de los precios no desacelera desde mayo del año pasado y en apenas un trimestre de 2026 casi que alcanzará la meta que se había planteado el Gobierno para todo el año.

Costos para el campo en la cosecha agropecuaria

A semanas de que empiece la cosecha gruesa de la soja, y mientras ya se levanta el maíz, crecen notablemente los costos para la agroindustria.

El campo argentino, que es el sector que explica más de la mitad de las exportaciones y mueve gran parte del trabajo en el interior del país, necesita el gasoil para los camiones que sacan sus productos al exterior, además de los fertilizantes para la próxima siembra de trigo.

En ese sentido, la urea subió más de 40% este mes por la guerra, ya que es otro de los productos que utiliza el estrecho de Ormuz para salir al mundo.

Argentina compra en el exterior algo más del 30% de lo que consume, por lo que tiene alta dependencia externa, según Empiria. Más costos, mayores precios locales, menor competitividad de los productos argentinos.

Gas: riesgo para los hogares y la industria

Otro de los efectos que se sentirá en el país es el aumento del gas natural licuado (GNL). Hasta febrero, el gas licuado se comercializaba en torno a los US$ 9 a US$ 10 por millón de BTU (la unidad de medida); este mes el precio llegó a superar los US$ 23.

Pese a que la Argentina produce y puede transportar más gas del que consume, en invierno la demanda de los hogares salta de 20 a 100 millones de m3 diarios (MMM3/d) y existe un déficit durante algunas semanas, que se cubre con importaciones de GNL, gasoil y fuel oil para las centrales eléctricas, así como compras en el exterior de energía eléctrica.

El Gobierno decidió demorar las compras de gas licuado este año para licitar la importación privada, a través de un comercializador. Esa licitación se adjudicará el 21 de abril.

Los altos costos de importación para unos 20 a 25 barcos en el invierno podrían hacer saltar las facturas de los hogares o de la industria, lo que representará un mayor costo para las fábricas y una pérdida de competitividad, mientras siguen cerrando o achicándose empresas industriales históricas.

En última instancia, el Estado puede destinar subsidios, pero no está en la cabeza del Gobierno aumentar el gasto público mientras caen los ingresos.

La Argentina se convertirá en exportador de gas licuado a partir de 2027, pero al mismo tiempo seguirá comprando GNL en el exterior para momentos puntuales de mucha demanda.

Pasajes de avión caros y ¿quedarse en casa?

La medida es replicada en el resto del mundo y ya la Agencia Internacional de Energía (IEA) advirtió que frente a la mayor crisis energética de la historia existen medidas que pueden generar grandes ahorros, como:

  • Trabajar desde casa, siempre que sea posible, ya que reduce la demanda de combustible para los desplazamientos diarios.
  • Bajar los límites de velocidad en las autopistas en al menos 10 kilómetros por hora disminuye el consumo de combustible, tanto en vehículos de pasajeros como de mercancías.
  • Fomentar el uso del transporte público en lugar del coche privado, junto con medidas como la alternancia en el acceso de vehículos privados en las grandes ciudades, puede reducir aún más la congestión y el consumo de combustible.
  • Uso compartido de vehículos y prácticas de conducción más eficientes, así como una mayor eficiencia en las operaciones de transporte de mercancías y reparto.
  • Reducir los viajes aéreos, cuando existan alternativas.

Cuentas públicas, ¿un alivio?

Por último, un impacto positivo que podría tener la Argentina es en sus cuentas públicas.

Por cada dólar que aumenta el petróleo, si se mantuvieran esos precios a lo largo del año, el país puede obtener entre 100 y 120 millones de dólares extra, ya que las exportaciones de crudo rondan los 300.000 barriles por día, según el exsecretario de Planeamiento Energético Daniel Dreizzen.

Así, las ventas externas de energía podrían saltar entre 3.000 y 4.000 millones de dólares en 2026 y rondarán los US$ 15.000 millones este año.

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