La provincia del Chaco conmemoró ayer el Día del Historiador Indígena, instituido por la Ley 3691-E sancionada por la Legislatura chaqueña en 2022, en homenaje al natalicio de Juan Chico, investigador, escritor y referente qom cuya labor marcó un antes y un después en la reconstrucción de la memoria histórica de los pueblos originarios del Nordeste argentino.
La efeméride recordó a quien, a sus 44 años, transitó por la investigación académica, la docencia, la escritura y la militancia activa, convirtiéndose en un actor clave en la visibilización de hechos históricamente silenciados, como la Masacre de Napalpí de 1924 y la participación de indígenas chaqueños en la Guerra de Malvinas en 1982. Desde el Chaco profundo hasta las barriadas del Gran Resistencia, Juan Chico escuchó, habló y transmitió los saberes ancestrales de su pueblo en lengua qom y en castellano, articulando esos conocimientos con el ámbito científico y estatal.
reconocer la memoria
La Ley 3691-E estableció el 1 de marzo como Día del Historiador Indígena en conmemoración al natalicio de Juan Chico, reconociendo su aporte a la historiografía provincial y nacional desde una perspectiva situada, intercultural y comprometida con los derechos de los pueblos originarios.
La norma puso en valor una trayectoria que trascendió los límites académicos para convertirse en una práctica política y social. Desde comienzos del siglo XXI, Chico desarrolló una intensa producción intelectual y de militancia que se materializó en libros, proyectos interinstitucionales y presentaciones en eventos en Argentina y el extranjero, consolidándose como uno de los principales referentes indígenas del Chaco.
Su figura sintetizó una nueva forma de entender la historia: no como un relato oficial construido desde afuera, sino como una memoria colectiva tejida desde las comunidades, con sus propias voces y perspectivas.
La Masacre de Napalpí y
el juicio por la verdad
Uno de los ejes centrales de su investigación fue la Masacre de Napalpí, ocurrida en 1924 en el entonces Territorio Nacional del Chaco, cuando fuerzas estatales reprimieron a comunidades qom y moqoit que reclamaban por condiciones laborales y de vida dignas.
Las voces de Napalpí fue una de las obras donde sistematizó testimonios, archivos y memorias orales sobre aquel exterminio. En ese trabajo, Chico no solo reconstruyó los hechos, sino que logró entrevistar a los últimos sobrevivientes de la masacre, incorporando sus relatos a un proceso judicial inédito: el juicio por la verdad que la Justicia Federal llevó adelante para esclarecer lo sucedido. Su labor no se limitó a la escritura. Desde la Fundación Napalpí, trabajó junto al Instituto de Investigaciones Geohistóricas (IIGHI), dependiente del CONICET y la UNNE en Resistencia, organizando desde 2012 una exposición itinerante con fotografías de la masacre obtenidas por el etnógrafo alemán Robert Lehmann-Nitsche. La muestra, acompañada de charlas y debates en espacios públicos y educativos, recorrió la provincia del Chaco, visibilizando un exterminio históricamente silenciado a nivel local y nacional.
En ese proceso, Chico sostuvo que la memoria debía construirse colectivamente y con un enfoque intercultural. Planteó que “no se trataba solo de recordar, sino de reparar”, y defendió la necesidad de que el Estado asumiera su responsabilidad histórica.
Malvinas y una herida abierta
El otro gran eje de su investigación fue la participación de indígenas chaqueños en la Guerra de Malvinas. En Los Qom de Chaco en la Guerra de Malvinas. Una herida abierta expuso los resultados de una indagación que recuperó las trayectorias de combatientes qom invisibilizados por el relato oficial.
Allí, Chico sostuvo que la experiencia de los soldados indígenas debía ser comprendida en el marco de profundas prácticas institucionalizadas de discriminación, que atravesaron sus vidas antes y después del conflicto bélico. No solo documentó historias, sino que se comprometió con cada excombatiente, acompañando sus reclamos por reconocimiento y derechos.
Su enfoque integró la tríada Memoria, Verdad y Justicia, pero propuso ampliarla más allá del período de la última dictadura militar (1976-1983), proyectándola hacia todo el siglo XX. De ese modo, invitó a reflexionar sobre Napalpí y otras masacres ocurridas en el territorio argentino, desde la Patagonia hasta el Nordeste.
Vinculación social
Desde el ámbito científico, su trabajo fue reconocido como un ejemplo de vinculación social genuina.
Lejos de entenderla como una simple transferencia de conocimientos desde la academia hacia las comunidades, Chico promovió una interacción horizontal, donde los saberes indígenas no quedaran subordinados.
En el marco del Seminario de Genocidio Indígena —proyecto interinstitucional impulsado desde 2017 entre el IIGHI y la Fundación Napalpí— se consolidó un espacio de intercambio pluricultural que rápidamente se convirtió en foro de debate y formación sobre la problemática indígena en el Cono Sur.
Allí, investigadoras, investigadores, becarias y dirigentes indígenas compartieron experiencias desde un enfoque que contempló los reclamos históricos sobre jurisdicciones, organización y autonomía, así como el reconocimiento de los derechos consagrados en leyes nacionales y convenios internacionales.
Chico opinó en reiteradas oportunidades que la interpretación del pasado solo podía ser colectiva y en un espacio de consenso intercultural, donde la interacción de conocimientos adquiriera sentido a partir de las relaciones interpersonales e interinstitucionales.
Compromiso
Su capacidad política lo llevó a impulsar una diversidad de proyectos en el Chaco y el Norte Grande, apoyando eventos y programas de investigación que involucraron a otros pueblos indígenas. En octubre de 2016, participó activamente en la Mesa de Pueblos Originarios en el marco del XIX Congreso Nacional de Arqueología Argentina, celebrado en Tucumán, donde junto a comuneras y comuneros de la Unión de Pueblos de la Nación Diaguita conmemoró a la Pachamama en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Tucumán.
En sus últimos años, como funcionario del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), estuvo comprometido con la efectivización de la Ley nacional 26.160 de relevamiento territorial indígena, que declaró la emergencia en materia de posesión y propiedad comunitaria de las tierras ocupadas por comunidades originarias.
Desde la Fundación Napalpí también impulsó la investigación forense sobre la masacre, profundizando el trabajo articulado entre organismos estatales, científicos y comunidades.
Una memoria
que interpela
Ayer, al conmemorarse el Día del Historiador Indígena, la figura de Juan Chico volvió a interpelar a la sociedad chaqueña. Su legado excedió la investigación histórica: constituyó una práctica ética y política orientada a transformar el presente. Escuchó a los mayores, recogió testimonios, sistematizó archivos, escribió libros y gestionó políticas públicas. Pero, sobre todo, tendió puentes entre mundos que durante décadas permanecieron distantes: el de la academia y el de las comunidades, el del Estado y el de los pueblos originarios.
Su vida demostró que la historia no es un relato cerrado, sino una construcción en disputa. Al recuperar las voces silenciadas de Napalpí y de los soldados qom en Malvinas, contribuyó a ampliar el campo de lo narrable y a cuestionar los límites de la memoria oficial. En un contexto donde los debates sobre territorio, identidad y autonomía siguen vigentes, la figura de Juan Chico se erigió como referencia ineludible para comprender las luchas históricas y actuales de los pueblos originarios del Chaco y del país.
Ayer, la provincia lo recordó no solo como autor de libros y proyectos, sino como constructor de memoria colectiva. Su legado, sostenido en la premisa de Memoria, Verdad y Justicia ampliada a todo el siglo XX, continúa marcando un camino para las nuevas generaciones de investigadores indígenas que, desde sus comunidades, siguen escribiendo la historia desde adentro.
